La tensión en la depresión

En una reciente publicación de la Agencia Española del Medicamento el consumo de antidepresivos en España ha pasado de 26,5 dosis diarias por cada 1000 habitantes a 79,5 13 años más tarde ( el estudio comparaba los consumos de 2000 y 2013). Es decir un incremento superior al 200%. En el mismo periodo el consumo de ansiolíticos como las benzodiacepinas pasó de 56,7 unidades diarias por 1000 habitantes a 89,3 ( incremento de casi un 60%) ¿ Hay razones para que esto sea así?

¿Cuáles son los motivos? Pues no hay una explicación clara y hay muchas hipótesis. En primer lugar se habla de la incidencia de la crisis económica en el empeoramiento de la calidad de vida y en el aumento de la inseguridad laboral y sus consecuencias como gran activador del consumo de sustancias. Es indudable que no disponer de medios suficientes para asegurar nuestra vida y la de nuestra familia genera una gran incertidumbre que de forma mantenida puede arrastrarnos a trastornos de ansiedad que son difíciles de tolerar,y el uso de tranquilizantes puede ser muy beneficioso.

Sin embargo son también muchos los que apuntan que la actual cultura de nuestra sociedad en la que no se permite el sufrimiento y en la que la tolerancia a la frustración brilla por su ausencia nos empuja a consumir mucho más estas sustancias que nos aseguran una especie de anestesia emocional. Entre los datos llamativos se observa el hecho de que la mayoría de estos medicamentos están recetados por médicos de primaria y no por psiquiatras. A decir de algunos psiquiatras parece que se haya instalado entre nosotros la creencia de que tenemos derecho a la felicidad suministrada en forma de pastillas, y que si tenemos problemas, insatisfacciones o complicaciones, no necesitamos modificar nuestra vida o nuestro medio sino recurrir simplemente a una pastillita que nos quite los problemas de encima ( como aquella soma que tomaban los personajes de la novela de Aldoux Huxley “ Un mundo feliz”).

El problema de estas sustancias es que producen mucha dependencia ( sobre todo los ansiolíticos de la familia de las benzodiacepinas), y éste es un problema grave que no se advierte lo suficiente y que ignoran gran parte de los consumidores habituales. Además, el uso de ansiolíticos no hace desaparecer los problemas que son fuente de ansiedad, simplemente nos hacen insensibles a ellos. Esto quiere decir que tomados de forma puntual pueden ser muy útiles para el alivio sintomático mientras hacemos lo posible por atacar la raíz del problema ( llámese este paro, estrés, enfermedad…) pero son un problema en si mismos cuando empezamos a tomarlos para aliviar la zozobra que nos produce un contratiempo sin empeñarnos al mismo tiempo en solucionar el contatiempo.

Así que solo nos queda dar nuestra opinión: Bajo supervisión médica y tomados de forma puntual pueden ser una gran ayuda. Tomados de forma crónica y como medidas de evasión se convertirán a la larga en otro problema más que se sumará a los que ya padezcamos.

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